Manifiesto

Un nuevo capítulo, nacido de una historia real

No es marketing. Es lo que viví — y por eso construí Yana.

Me llamo Andrea Campos Guerra. A los 8 años descubrí que cargaba algo que no tenía nombre: una tristeza persistente que yo no había pedido y que nadie a mi alrededor sabía explicar. Pasé años conviviendo con la depresión antes de entender que podía hacer algo al respecto.

El encuentro con la TCC

La Terapia Cognitivo-Conductual fue lo que cambió mi vida. Aprendí que mis pensamientos no eran verdades absolutas, que podía observarlos, cuestionarlos y reestructurarlos. Poco a poco, la nieve empezó a levantar. Por primera vez tuve herramientas concretas, no solo buena intención.

Aprender a programar sola

Cuando quise compartir lo que me había ayudado, no encontré una herramienta accesible en español, cálida y sin estigmas. Así que aprendí a programar de forma autodidacta. No venía de la tecnología ni de la psicología clínica; venía del deseo honesto de que nadie más se sintiera solo en una madrugada como me sentí yo.

Por qué existe Yana

Construí Yana para que el acompañamiento emocional fuera inmediato, confidencial y a tu propio ritmo. Una voz cálida basada en TCC, disponible 24/7 en tu bolsillo. No para sustituir a un profesional, sino para ser el primer paso suave — ese que yo no tuve.

“Yana es lo que habría querido tener a los 8 años: alguien que escuche sin juzgar y que me recuerde que lo que siento no me define.”

Un nuevo capítulo

Hoy Yana ha acompañado a más de 10 millones de personas. Este relanzamiento es un nuevo capítulo: una app más cálida, más humana y más honesta. Seguimos creyendo que el bienestar emocional no debería ser un lujo ni esperar a una sala de espera.